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Envuelta por la umbría de un maravilloso bosque encantado en el que, junto a las hayas, crecen robles, avellanos y acebos, se descubre una impresionante sucesión de escalonadas cascadas por las que se precipitan impetuosas las aguas del río de la Gándara. Un camino que parte junto a la iglesia de Villabáscones de Bezana y que atraviesa un extenso y bien conservado hayedo, que puede ser considerado como uno de los más bellos e interesantes de toda la vertiente meridional de la Cordillera Cantábrica, permite alcanzar el conjunto de cascadas de Las Pisas. Al llegar al curso del río de la Gándara se descubre una sucesión de rincones en los que las rocas, el agua y los árboles han combinado toda su belleza. Remontando la corriente del agua, entre agitadas torrenteras, pequeñas cascadas y transparentes pozas, en las que son frecuentes la presencia de la nutria y el pequeño desmán de los Pirineos, la vereda alcanza una llamativa cornisa rocosa que anuncia la proximidad de las cascadas principales. Si la visita coincide con el período de deshielo o con una época de fuertes lluvias el espectáculo que se puede contemplar se convierte en único e inolvidable: una atronadora masa de agua espumosa precipitándose desbocada por las apretadas gradas rocosas de un estrecho barranco. Sus desmenuzadas gotas de agua forman una especie de niebla que se alza semejando el humo de una gran hoguera. De regreso al barrio de abajo de Villabáscones de Bezana se puede disfrutar de una serie de hermosos rincones en los que reina la más sobria y bella arquitectura popular de estilo montañés.
Leva
El emplazamiento de la aldea de Leva, perteneciente a la Merindad de Valdeporres, es uno de los más llamativos de toda la provincia burgalesa. Su escaso y pintoresco caserío, rodeado por un impresionante circo rocoso, permanece oculto entre las ramas de un frondoso bosque caducifolio que incluso llega hasta su primeras edificaciones. Así mismo, muy cerca de Leva se localiza la entrada a la que está considerada como la más bella cueva de Burgos: la sima de Covanegra. El entorno paisajístico de esta singular localidad está condicionado por una de las estructuras más marcadas y con mayor personalidad de todo el quebrado territorio que conforma la norteña comarca de Las Merindades: un enorme lomo calcáreo, el llamado anticlinal o bóveda de Leva, que alza su alargado perfil a través de las merindades de Castilla la Vieja, Valdebezana, Valdeporres y Sotoscueva.
Crespos
En el confín más apartado del Valle de Manzanedo y escondido en un pintoresco vallejo en el que se alternan los cortados rocosos con los mágicos y umbríos bosques de hayas y quejigos, se localiza el idílico pueblo de Crespos: uno de los conjuntos rurales más bellos y mejor conservados de toda la comarca de Las Merindades. La pequeña localidad destila por sus cuatro costados la esencia del más tradicional mundo rural.
Hayedo de Carrales
En el extremo noroccidental de la provincia, justo en el límite entre el Valle de Valdebezana y la vecina Cantabria, se localiza uno de los más bellos, extensos y mejor conservados hayedos de Burgos. Un bosque de unos diez kilómetros de largo por uno y medio de ancho que se desarrolla en la suave ladera del Monte de Carrales. En la actualidad el hayedo de Carrales comienza su distribución sobre los 900 metros de altitud y asciende hasta la misma cima del cordal culminado por el Pico Nava. El recogido silencio, la mágica atmósfera y la fresca umbría que se respiran dentro del hayedo de Carrales son únicas e inolvidables y le convierten en una verdadera catedral verde.
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